Periodismo, mentiras y fraude

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El caso de Stephen Glass fue un suceso muy importante para la reivindicación del trabajo periodístico de los medios digitales. Fue Forbes Digital quien descubrió el engaño del periodista de New Republic. Adam L. Penenberg, de Forbes, se dio cuenta de que había algo que no encajaba en la información de Glass, Hack Haven. Penenberg fue tirando del hilo, haciendo las comprobaciones pertinentes, y descubrió que el contenido del artículo era falso. Ni los acontecimientos narrados por Glass ni las personas citadas eran reales.

El artículo que Glass escribió para New Republic narraba como un chico de quince años había conseguido acceder a la base de datos de una importante empresa de software, llamada Jukt Micronics. Según el texto, cuando la empresa lo descubrió lo contrató como asesor de seguridad, en lugar de denunciarlo. Tras leer el artículo, Penenberg intentó contactar con la empresa de software pero ésta no tenía página web. Esto despertó sus sospechas. Penenberg continúo indagando y descubrió, entre otras cosas, que Jukt Micronics no formaba parte de la Asociación de Fabricantes de Sofware, y que nunca había pagado impuestos. En definitiva, Jukt Micronics no existía.

Tras el descubrimiento de Penenberg, Forbes Digital se puso en contacto con New Republic para desenmascarar a Stephen Glass. Glass en un principio justificó su fraude como un error, y dijo que había sido engañado. Para ello creó una elaborada red de mentiras que finalmente se vino abajo. Adam L. Penenberg publicó un artículo Lies, damn lies and fiction en el que relata cómo destapó el engaño de Glass. El periodista escribió más artículos sobre el tema y otros medios, como Vanity Fair, también se hicieron eco de la noticia. Finalmente, Glass fue despedido y New Republic tuvo que publicar una disculpa a sus lectores ya que no solo Hack Haven era un artículo falso, sino que 21 de los 47 artículos publicados por Glass eran total o parcialmente inventados.  El caso Glass fue uno de los mayores éxitos para el periodismo de Internet: un medio digital que solo llevaba un año en funcionamiento había descubierto un escándalo de gran dimensión.

 Del engaño de Stephan Glass podemos obtener, entre otras, estas cinco reflexiones:

 1)      A pesar de los procesos de revisión y verificación de las noticias, algunos de los responsables de los medios no hacen las comprobaciones necesarias para contrastar las informaciones de forma adecuada. En el caso de Glass había indicios de sus mentiras antes de que escribiera Hack Haven,  cuando publicó Spring Brakdown, sobre comportamientos inmorales en la Conferencia de Acción Política Conservadora de 1997, The New Republic ya recibió quejas de que el periodista se había inventado el artículo. Sin embargo, la revista eligió fiarse de Glass.

 2)      Uno de los problemas que evidencia la película es que un periodista que escribe en un medio prestigioso obtiene cierta legitimidad, solo por el medio en el que publica, algo que puede resultar peligroso.

 3)      Otros de los aspectos destacables de la película es que muestra como posible causa de las malas prácticas la presión a la que son sometidos los jóvenes periodistas. La competitividad, la presión, la sobreinformación, o el medio a no ser suficientemente buenos, influyen en que los periodistas puedan “hinchar” sus noticias exagerando algunos elementos o inventando declaraciones para hacerlas más impactantes y llamativas. Sin embargo, la presión no justifica estos comportamientos, siempre hay que mantener una ética profesional. Además los superiores deben controlar la labor de sus subordinados y darse cuenta de cuándo existen irregularidades.

 4)      El precio de la verdad también pone de manifiesto cómo un medio “fiable” puede proporcionar información errónea, sesgada, manipulada o inventada deliberadamente. Actos como el de Stephen Glass dañan profundamente la imagen del medio y de la profesión. Cuando un fraude como este se produce en un medio de prestigio la sociedad puede terminar por no creerse nada de lo que lee y por pensar que en todos los medios ocurre lo mismo.

 5)      Una de las conclusiones más importantes que podemos obtener de este caso es que también se puede hacer buen periodismo en un medio digital y que hay que olvidarse de los prejuicios.

 La película El precio de la verdad confirma que el rigor y el buen periodismo no dependen del soporte, sino de las personas que ejercen la profesión. El buen periodista debe estar comprometido con los valores éticos como la honestidad, la imparcialidad y la veracidad. Adam L. Penenberg demostró que trabajar en un medio web no es un obstáculo para hacer buen periodismo.

Actualmente podemos tener la percepción de que el soporte web es menos riguroso que los medios tradicionales por el hecho de que está sometido a la inmediatez   y una actualización constante. Suponemos que, por ese motivo, en los medios digitales hay menos tiempo para realizar comprobaciones y corregir errores y que por eso aparecen noticias menos rigurosas y de menor calidad. En algunas ocasiones esto es cierto, pero el caso de Stephen Glass nos demuestra que no se puede generalizar, y que los medios digitales también pueden ser ejemplo de buen hacer. Por otro lado, también existen casos que, como el de Glass, han puesto en entredicho la credibilidad de los medios tradicionales, y del periodismo en general, como los engaños de Jayson Blair y Janete Cooke.

La historia de Blair es muy similar a la de Glass. Se trataba, al igual que él, de un periodista joven que ascendió, mediante engaños, en un medio importante, en esta ocasión The New York Times. La estrategia de Blair consistía en elegir material de otros periódicos y agencias de noticias, plagiando citas, inventando declaraciones y  atribuyéndose el trabajo ajeno. Janete Cooke, por su parte, era periodista en The Washington Post y se inventó por completo un reportaje, El mundo de Jimmy, que llegó a ganar el premio Pulitzer. Posteriormente, cuando se descubrió el engaño, tuvo que devolver el premio.

Estos dos fraudes, además del de Glass, demuestran que las malas prácticas periodísticas también pueden ocurrir en medios tradicionales y de prestigio. Lo importante no es el soporte, sino las personas que están detrás.

Stephen Glass y Adam Penenberg

Stephen Glass y Adam Penenberg

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