El precio de la verdad

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En “El precio de la verdad” se relata uno de los escándalos periodísticos más célebres de los Estados Unidos: la historia de Stephen Glass, un periodista que se inventó parcial o totalmente la mayor parte de los artículos que escribió para New Republic, la revista en la que trabajaba.

“El precio de la verdad” es una película de 2003, dirigida por Billy Ray y protagonizada por Hayden Christensen en el papel de Stephen Glass, un periodista joven y ambicioso que entra a trabajar en la revista New Republic como asistente de redacción, mientras lo compagina con sus estudios de derecho. El joven pronto empieza a estar sometido a un gran estrés, por lo que empieza a inventar datos, fuentes y citas en sus artículos. Glass es querido y respetado por todo el equipo de redacción, por lo que nadie duda de su palabra. Además, todo el mundo lo admira por su capacidad para escribir artículos únicos, que parecen sacados de una película. En realidad, Glass estaba inventando todo lo que contaba, pero su carisma y credibilidad no dejaban lugar a dudas sobre su veracidad. Por ello, en un principio nadie sospecha que está engañando a todo el mundo.

Sin embargo, todo cambió con su artículo “Hack Heaven” (El paraíso del hacker), en el que contaba la historia de un joven hacker menor de edad que había sido contratado por una gran compañía como consultor de seguridad, después de haber entrado en su sistema informático y haber mostrado sus puntos débiles. Glass lo contaba en su artículo en primera persona, afirmando haber sido testigo de los hechos.

Tras leer su artículo, Adam Penenberg, reportero de Forbes Digital, medio nativo digital pionero en los Estados Unidos, descubrió que había inventado muchas de las informaciones que aparecían en él, por lo que decidió investigar por su cuenta. Realizó varias llamadas a la empresa ficticia que Glass describía en su artículo, y vio que la línea siempre comunicaba, lo que era muy difícil en una supuesta empresa de semejante calibre. Por ello, Penenberg intentó seguir averiguando más sobre el asunto, contactando con las personas que se describían en el artículo, y tratando de averiguar qué más se había inventado. Cuando reunió los suficientes datos para demostrar que el reportaje tenía muchos datos falsos, contactaron con Chuck Lane, el director de New Republic. Este pidió a Glass que le facilitara los números de contacto tanto de la empresa como del hacker, y Glass pareció estar conforme, a la vez que tramaba cómo seguir ocultando su falsedad.

En la película se aprecia que Forbes Digital, pese a ser un medio pequeño, contaba con periodistas como Penenberg que supieron desentramar la historia de Glass, al no considerar cierta la existencia de una gran empresa como Jukt Micronics, de la que nunca había oído hablar. Pese a ser pocos periodistas, en Forbes supieron verificar correctamente lo que un gran medio como New Republic no supo hacer. Los periodistas y jefes de la revista estaban tan entusiasmados con el talento de Glass como contador de historias, que no supieron ver que las historias que contaba eran inventadas. Esto se demuestra casi al final de la película, cuando una de las mejores amigas de Glass en la revista se niega a aceptar que su amigo sea un farsante, pese a que Lane le enseña las pruebas de su delito periodístico.

Lane desde el principio fue el único de la redacción de New Republic que dudaba de la palabra de Glass, y se convenció del todo cuando le pidió a Glass que le llevara al hotel donde se reunieron el joven hacker con los directivos de la empresa, y a la sala de conferencias donde tuvo lugar la convención de hackers que Glass narraba en su artículo. Al llegar allí el guardia de seguridad les dijo que la sala estaba cerrada a la hora en la que supuestamente se habían reunido. También descubrió que la página web de la ficticia empresa Jukt Micronics era una página cutre creada por el propio Glass, que los correos electrónicos eran falsos, y que el que respondía las llamadas telefónicas como trabajador de la empresa no era otro que el hermano de Glass.

Glass terminó confesando la invención parcial de datos y fuentes, y finalmente que 27 de los 41 artículos que escribió para New Republic habían sido inventados. Así, se destapó la verdadera historia del falso Stephen Glass.

El director de New Republic, Chuck Lane demostró realizar una labor eficiente como jefe de la revista al desconfiar de Glass, pues en un primer momento se le achacó que no apoyara a su subordinado, como sí hizo su predecesor en el puesto de director. Sin embargo el tiempo habría de darle la razón a Lane, y de hecho obtuvo el respeto de sus empleados, que en un primer momento le habían rechazado.

En definitiva, pese a que New Republic se equivocó al no verificar las informaciones dadas por Glass, no puede decirse que un medio de comunicación tradicional como es la prensa (periódicos, revistas…) no posea rigor y sea creíble la mayoría de veces. Es en la prensa donde se han publicado algunos de los mejores proyectos de investigación periodística, como el caso Watergate, y muchos periodistas suelen utilizarla como medio para presentar sus trabajos. En periódicos españoles como El País se han realizado grandes proyectos de investigación, para destapar temas de gran envergadura como la corrupción política.

Así pues, el caso de Stephen Glass, pese a ser un caso aislado, mostró al público que hay que verificar cualquier información hasta el más mínimo detalle antes de publicarla, por muy bien que esté presentada. En caso contrario, pueden ocurrir casos como el que dejó en evidencia a un medio con prestigio como New Republic.

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